Rosa Parks – Una mujer que cambió las leyes de todo un país

Si hablamos de Rosa Parks hablamos de una lucha, una lucha de la cual ella ha sido cara pero en la que no ha estado sola. Antes de adentrarnos en la figura de Rosa Parks y su importancia en la lucha contra la discriminación y los derechos civiles hay que mencionar los nombres de otras mujeres, no tan famosas, pero cuya contribución fue tan importante como la de Parks y sin la cual quizás no se habría conseguido lo que se consiguió.

Los rostros olvidados de la lucha antirracista

Es común cuando se habla de luchas sociales que haya nombres y personas que queden olvidados o perdidos en el pasado, que no aparezcan en los libros de historia ni en las búsquedas de internet. Esto ocurre especialmente cuando se trata de mujeres, y más aún si se trata de mujeres racializadas. Por eso es tan importante decir sus nombres, y recordar a todas a aquellas que lucharon por su libertad.

Hoy nos centraremos en Rosa Parks, pero antes mencionaremos a  Ida B. Wells y a Irene Morgan, que 70 y 10 años que Parks ya se negaron a abandonar su asiento del autobús a favor de personas blancas. ¿Por qué no son sus nombres los que más recordamos? En estos casos se podría argumentar que la sociedad no estaba lista para avanzar, que cuando llegó Rosa Parks ya se estaba cultivando un movimiento que avanzaba a la par que ella y que impulsó su acción. Pero entonces, ¿qué ocurre con  Claudette Colvin?

¿Quién es Claudette Colvin?

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Claudette Colvin

Claudette Colvin era una joven de 15 años, que solo unos meses antes que Parks, se negó a ceder su asiento del autobús. Ambas mujeres, ambas negras, ambas realizando la misma acción en el mismo momento histórico. ¿Por qué pues, ha sido el nombre de Rosa el que ha quedado para la posteridad y no el de Claudette?

La respuesta a esta pregunta puede verse desde distintas perspectivas. Puede que Colvin no estuviese lista para convertirse en la cara de una revolución. Puede que su juventud, y un embarazo temprano fuera del matrimonio le quitaran respetabilidad a ojos de la sociedad. Seguramente todos pensaron que Rosa Parks, una mujer adulta, con la piel más clara que Colvin, con más apariencia de respetabilidad, y ya implicada en la lucha contra la discriminación fuera una mejor opción para liderar su revolución.

Pero no por ello debemos dejar de nombrar a Claudette Colvin, que con su acción inició algo de lo que más tarde tomó las riendas Rosa Parks. Seguramente cuando esa joven, a penas salida de la escuela, se negó a levantarse hizo pensar a muchas de sus compañeras y compañeros negros sobre qué hubiesen hecho ellas/os en su lugar. Seguramente cuando Rosa Parks se negó a levantarse lo hizo también pensando en esa niña, que solo meses antes se había visto en la misma situación y se negó a bajar la cabeza.

A veces solo se necesita una pieza de dominó para que el resto de la fila vaya cayendo tras ella. Y consideraremos a Ida B. Wells, Irene Morgan y a Claudette Colvin, así como muchos otros nombres que habrán quedado olvidados en la historia, como las piezas de dominó que ayudaron a Rosa Parks a iniciar la protesta contra la segregación en el transporte de 1956.

Leyes segregativas de los autobuses

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Autobús con leyes segregatorias

El transporte público en Montgomery (Alabama, EE.UU.) seguía las normas de segregación que había en esa época. Cada autobús se dividía en 2 secciones separadas por un cartel: una exclusivamente para blancos y otra para las personas consideradas de color (afrodescendientes, indígenas, orientales…). Las personas negras debían sentarse siempre detrás del cartel, pero este cartel no tenía un lugar fijo, sino que el conductor podía ir cambiándolo o incluso decidir quitarlo, sin dar opción a las personas racializadas a sentarse o subir al autobús.

De modo que se estableció una norma según la cual las personas negras podían ocupar la parte trasera del autobús, exceptuando las cuatro primeras filas (reservadas exclusivamente para blancos) siempre y cuando no hubiese ninguna persona blanca de pie. Es decir, los blancos tenían preferencia a la hora de sentarse, por lo que las personas negras debían cederles sus asientos y continuar el trayecto de pie o bajarse del autobús y esperar al siguiente.

Pero los problemas no acaban ahí, porque solo podían subir al autobús por la puerta de atrás, por lo que debían entrar por delante para comprar el billete y bajarse para volver a subir por la puerta de atrás para acceder a sus asientos. A veces el conductor se marchaba sin dar tiempo a que se volvieran a subir, dejándoles atrás después de haber pagado su billete.

No es de extrañar que Rosa Parks declarara no haber cedido su asiento porque estaba cansada, no físicamente, sino cansada de vivir en una sociedad que apoyaba la segregación y tener que enfrentarse todos los días a situaciones en las que siempre salían desfavorecidos los mismos.

El «no» de Rosa Parks

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Rosa Parks

Es en diciembre de 1955 cuando Rosa Parks sale del trabajo, y, como cada día, sube por la puerta trasera del autobús después de haber comprado su billete. Se sienta en la parte trasera del autobús, ya que hay bastantes asientos libres. Pero a medida que el trayecto sigue, los asientos se van llenando y varias personas se quedan de pie, algunas de ellas blancas. Es entonces cuando el conductor detiene el autobús y pide a Rosa Parks y a otras dos mujeres sentadas junto a ella que se levanten para ceder el asiento.

Una situación que se repetía todos los días, en cada autobús, que para todos los usuarios del transporte público no tenía nada de inusual. Excepto que esta vez, Rosa Parks, se negó a levantarse, declarado que ella tenía el mismo derecho a ocupar un asiento que cualquier otra persona, independientemente del color de su piel. Y así se inició una protesta que ni ella misma había planeado ni esperado.

Rosa Parks fue denunciada, arrestada y condenada por no ceder su asiento. Pero el acto de Rosa Parks, junto con el de Claudette Colvin, fue la gota que colmó el vaso. Los ciudadanos racializados de Montgomery ya estaban cansados. Cansados de ser tratados como ciudadanos de segunda y de verse continuamente rechazados y humillados por su color de piel.

Se creó la Montgomery Improvement Association, presidida por Martin Luther King, con el objetivo de defender los derechos civiles de la minoría negra. Y su primera propuesta fue el boicot a los autobuses de Montgomery.

El boicot a los autobuses de Montgomery

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Boicot a los autobuses Montgomery

Se pidió a todas las personas racializadas que dejaran de utilizar los autobuses, que caminaran o cogieran taxis. Teniendo en cuenta que al menos el 70% de los usuarios de este trasporte eran personas negras se esperaba que este boicot fuera efectivo. Las autoridades y las compañías de autobuses no dieron mucha importancia, creyendo que al ser en su mayoría ciudadanos pobres, con largas jornadas de trabajo, que tenían que desplazarse grandes distancias para ir a trabajar o a la escuela, no podrían continuar pagando taxis o caminando a todas partes. Pero lo hicieron.

Los ciudadanos se unieron, ayudándose unos a otros. Durante toda la propuesta se veían largas filas caminando al lado de la carretera, de camino al trabajo. Quien tenía coche se ofrecía a llevar a sus vecinos a trabajar, las bicicletas se iban pasando de unos a otros, las camionetas repartían la compra en las casas para que no tuvieran que cargarla caminando. Se establecieron puntos de encuentro para que los taxistas y los voluntarios pudieran ayudar a los que tenían que desplazarse, hacían turnos por la noche para que nadie tuviera que caminar solo en la oscuridad.

La protesta pacífica duró 381 días, en los que los ciudadanos negros de Montgomery se negaron a subirse a un autobús. El boicot implicó a unas 42.000 personas, el 70% de los usuarios del trasporte público, haciendo que las compañías autobuseras perdieran miles de dólares.

Y las leyes cambiaron

Las acciones tomadas en Motgomery llamaron la atención de otras ciudades y estados, hasta que el gobierno norteamericano se vio obligado a abolir la segregación en los transportes públicos. Y así fue como Rosa Parks se convirtió en el inicio de una revolución que consiguió cambiar las leyes de su país.

En 1996 se le concedió a Parks la medalla presidencial de la Libertad, y unos años después el Congreso de los Estados Unidos le otorgó la medalla de oro. Tras su muerte a los 92 años, Rosa Parks fue velada en el Capitolio de Washington, siendo la primera mujer y la segunda persona afroamericana en recibir ese honor.

La otra h trae la historia de Rosa Parks, Claudette Colvin, Martin Luther King y todos los que lucharon contra las leyes discriminatorias en el transporte público a la vida mediante una novela gráfica que descubre cómo vivieron los ciudadanos de Montomery este momento histórico que cambiaría las vidas de tantas personas. El libro, mediante ilustraciones hace un recorrido a todos los hechos que ocurrieron y cómo afectaron no solo al pasado, sino a nuestro día a día actual.

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